15 de agosto de 2013

Día 12: Queenstown-Melbourne

El día empezaba tranquilo. Como ya dije en el post del día anterior, no teníamos nada que hacer hasta las 1030, así que nos levantamos tarde. Bueno, tarde son las 0800, que había que hacer la maleta y dejar la habitación antes de las 1000, ya que teníamos que estar a las 1015 en el centro de Queenstown. Bien, pues a las 1015 estábamos como clavos en "The Station" en la calle Shotover. Y para qué? Pues para irnos en un autobús a hacer esto:


Una lancha con un motor turbina que corría por el río como si la persiguieran. Espectacular. La lancha lleva un motor Hamilton (lo inventó un tio de Nueva Zelanda que se llamaba Hamilton) que lo que hace es captar agua por la parte inferior de la lancha y lanzarlo a presión por detrás. Los chorros por donde sale el agua son dirigibles, por lo que no lleva timón y puede ir por zonas en las que solo hace falta que haya 10 centímetros de profundidad. Y esto iba a una velocidad considerable. Yo creo que sobre los 40-50 nudos con facilidad, Además, la ventaja que tiene este sistema de dirección es que permite a la barca deslizarse sobre el agua, como si estuviera derrapando y hacer giros de 360º. Espectacular, vamos. Lo que no nos dijeron es que la cabeza si se moja, así que os podéis imaginar los morros de la contraria porque se había lavado la cabeza por la mañana.

Cuando salimos de la barquita en cuestión, nos cogieron en el mismo autobús y nos devolvieron al centro de la ciudad. De ahí fuimos al hotel y allí nos cogieron poco mas tarde para ir al aeropuerto, ya que nuestro vuelo salía a las 1330 y el avión a las 1610.

Tras facturar las maletas, comimos algo y me puse a escribir para el blog ya que la espera iba a ser larga.
Bueno, aquí si que había control, no como en Rotorua o en Christchurch, pero como la zona interna es bastante pequeña (el aeropuerto no es que sea enorme, precisamente) pues esperamos a la ultima media hora para pasar seguridad.

El vuelo bien. Un poco de turbulencia al dejar la isla y en el centro del mar de Tasmania, pero bien.

Llegamos a Melbourne en hora, a las 1735. Y empezó la odisea. En el avión nos habían dado una tarjeta que teníamos que cumplimentar indicando si llevabas cosas no permitidas. El problema es que bajo una misma linea tienes tropecientas cosas y, de casualidad, todas estaban en la maleta de Carmen, por lo que tenia mas cruces que una quiniela. De echo, el chico de aduanas que nos comprobó los pasaportes exclamó "cuantas cruces!!". Así que primero nos tocó explicarle a una chica todo el itinerario, que éramos recién casados, etc. Lo apuntó todo. Todo!! De ahí fuimos a coger la maleta. Según íbamos a coger la maleta, no se si le avisarían o no, pero un tio nos cogió al vuelo y tuvimos que repetirle toda la historia y que era cada cosa que habíamos marcado que traíamos. Lo vio todo bien y fuimos a coger el equipaje. De aquí fuimos a la zona donde te inspeccionan la maleta. Bien, aquí nos apartan y nos dicen que van a hacer una llamada. Después de 5 minutos cagados y los policías venga a ponerse guantes de latex nos dicen que pasemos y que no hace falta que abramos la maleta. Hasta que no vimos la calle no nos quedamos tranquilos. Y encima, todo lleno de carteles porque los de "Border Customs" estaban grabando!!!

Salimos y allí nos estaba esperando Nicolas. Nicolas fue el que nos llevó al hotel y nos explicó un poco lo que podíamos ver/hacer esa noche que tampoco teníamos mucho mas tiempo. Tras media hora de viaje, nos dejó en el hotel que, por cierto, estaba en el centro, centro, de Melbourne.


Y siguiendo las indicaciones de Nicolas, fuimos a cenar al casino de Melbourne (además de la zona de azar, tiene una zona de ocio para el resto de los mortales). Y una vez cenados, nos fuimos a la cama, que estábamos bastante cansados y al día siguiente nos cogían demasiado pronto.

14 de agosto de 2013

Día 11: Queenstown-Mildford Sound-Queenstown

Que pronto dieron las 0545 que es cuando nos pusieron el despertador. Madre mía. Con un ojo pegado y con una legaña en el otro tocó ducharse, vestirse con ropa de abrigo (por si acaso) y bajar a desayunar. Cuando terminamos de desayunar, tocó reunión. Según la previsión meteorológica iba a caernos la del pulpo en el fiordo y teníamos que decidir (individualmente) si nos la jugábamos e íbamos a los fiordos a ver si las nubes de lluvia no eran bajas y nos permitían ver algo o si nos quedábamos en Queenstown e íbamos en una excursión en un barco de vapor por el lago con barbacoa incluida. Así que, como habíamos venido a jugar, pues nos la jugamos. Fuimos todos, menos 4. Y, ahora que no me oyen, lo siento mucho por ellos.
Salimos hacia Mildford Sound pitando, ya que entre la votación, la valoración y tal se nos había hecho tarde. No puedo contar mucho del camino, lo siento. Se que fueron 2 horas hasta la primera parada de media hora para que el chofer hiciera el descanso, y creo que fue en Te Annau. Digo creo porque tras el madrugón me quede frito en el bus y me desperté para el segundo desayuno. La verdad es que como tuvimos que hacer parada técnica forzada pues tampoco presté mucha atención. Creo que fue en Te Annau porque nos dijeron que era el ultimo pueblo antes de Mildford Sound. El caso es que después si que estuve atento, ya que mi colega Ranginui nos había despejado el cielo y hacia hasta sol. Así que nos aventuramos en la carretera de los fiordos.


Hicimos alguna parada para tomar fotos. En un paisaje usado en "El señor de los anillos".


En la senda de los lagos espejo.


A la entrada del Hommer Tunnel, un túnel que picaron los presos que tenían delitos menores y se les penaba con servicios para la comunidad, nos encontramos una pareja de loros que estaban pidiendo comida.

Luego paramos en The Chasm, algo así como el abismo. Esto es bastante indescriptible, es una cascada espectacular, que se hunde en el suelo.


Y de aquí a Mildford Sound directamente. Al llegar allí, alucinas con la cantidad de orientales que hay. Creo que éramos los únicos occidentales. La verdad es que les cogimos bastante tirria en aquel momento, porque se cuelan en todas las colas y lo que mas alucinado me dejo de esta gente es que tanto respeto que hablan y tanta educación y mientras estábamos en el muelle accediendo al barco, ya había algunos que habían entrado y ya estaban comiendo (había buffet) y encima, subían con dos platos llenos hasta arriba para no terminarlos. La verdad es que en sus países de origen serán muy respetuosos y tal, pero en cuanto salen fuera de casa....
El caso es el fiordo. El fiordo era precioso. El recorrido del barco es desde Mildford Sound hasta la costa y vuelta en la linea de costa (había oleaje, así que de salir un poco fuera a dar la vuelta, ni locos). Nosotros fuimos comiendo a la ida y poco antes de dar la vuelta, salimos a cubierta a hacernos las fotos en un paisaje espectacular.


Y también a hacer unas fotos a unas colonias de leones marinos que había en el fiordo. Bueno, mas que colonias, casi todo son los machos jóvenes que una vez que se hacen adultos, el macho alfa del grupo los echa y se van aquí.

Una vez llegamos a puerto, salimos pitando para poder ser el primer autobús en la carretera. Según nuestro guía, lo que queríamos era evitar ir detrás de un autobús cargado de gente y de hace 20 años, por lo que nos ralentizaría el viaje y llegaríamos a las mil a Queenstown. La verdad es que razón no le faltaba porque había cada carraca llevando a los orientales... Y lo conseguimos!!

Bueno, al final, y tras parar en Mossburn para cambiar el agua al canario, llegamos a las 1930 al hotel. Y bueno... como al día siguiente el grupo se separaba (unos se iban de vuelta a casa, otros se iban a ver los glaciares y nosotros nos íbamos a Australia) pues nos fuimos a cenar todos juntos.

Y a dormir!! Que al día siguiente no teníamos plan hasta las 1030. Que maravilla no madrugar!!!

13 de agosto de 2013

Día 10: Wanaka-Queenstown

Cuando te dicen mañana libre, eso tiene más peligro que un mono con una pistola. Así que siendo previsores, pusimos la alarma a las 0830 (que ya era una hora y media mas que el resto de los días) y el móvil (el despertador) en la mesa que estaba al otro extremo de la habitación, para asegurarte que te levantas a apagarlo.
Como ya teníamos todo seco (menos mal), pues recogimos la ropa, la doblamos (lo de planchar, para otro día) y lo metimos en las maletas. Dejamos las maletas delante de la puerta de la habitación y nos fuimos a desayunar justo, justo, antes de que cerrasen los desayunos. Después de desayunar, cogimos las mochilas y nos fuimos dando el paseo que no dimos la noche anterior. Estas 3 horas desde que nos levantamos (las cosas de palacio van despacio) permitió que la niebla levantase y pudiésemos ver algo, porque a las 0830 no veían las sillas de la terraza desde dentro de la habitación.


Bueno, el paseo es cierto, es precioso. Es entre la vereda del lago, entre arboles, y siempre con unas vistas increíbles al fondo. Llegando ya al pueblo vimos unas barbacoas de gas. En Nueva Zelanda, como prácticamente todo es un parque natural, para que no hagas fuego colocan estas barbacoas que funcionan con una moneda para que hagas un fuego totalmente controlado y seguro. Sigo diciendo que esta gente cuando hace las cosas, las hace muy, pero que muy bien.

El caso es que llegamos al punto de encuentro, el embarcadero, la única edificación que hay en Wanaka que está en el lado de la carretera que da al lago, todas las demás quedan en el interior. Y ahí, lo más increíble es asomarse al embarcadero. Es un lugar en el que está prohibida la pesca, pero las anguilas que hay de mas de 2 metros (parecen morenas del tamaño que tienen) y los salmones que pasean (el agua aumenta, pero creo que he visto alguno de bastante más de medio metro) es espectacular. Y lo mejor de todo es que el agua es tan cristalina, que los ves desde la superficie con total claridad. Para los amantes de la pesca, les recomendaría antes ir a Nueva Zelanda a pescar que a Islandia.

A las 1230 partimos hacia el "Bungy Bridge", lugar donde A.J. Hackett inventó el bungyjumping (lo que viene siendo el benging o puenting con goma). El tio empezó con una casetuca y ahora tiene unos 15 empleados (10 entre monitores, cámaras y personal de tienda, mas otras 5 personas en la cafetería) y no se cuantas delegaciones que tiene el colega en medio mundo. Así que es uno de los tñios mas ricos de Nueva Zelanda. Bueno, como no me dejaron saltar, pues tampoco pude fotografiar o grabar el salto de nadie, que la broma del salto son 180 NZD. Cabe destacar que el arnés que usan aquí no te coge solo de los tobillos. Es un arnés de cuerpo entero (no solo de cintura) y te sujetan a él los tobillos, de forma que en el momento de estirar la goma, el impacto se reparte por todo el cuerpo, no repercute solo en los tobillos y en la espalda. Llevan mas de 2 millones de saltos desde ese puente y 0 accidentes de ningún tipo (ni dislocaciones ni fracturas ni nada achacable al salto).

El ir a ver el Bungy Bridge nos hizo volver hacia atrás, pero nos lo habíamos saltado el día anterior por hacer el paseo en helicóptero. Retomando el viaje del día, fuimos a Puzzlingworld. El sitio es bastante original. Nada mas llegar nos encontramos con esta torre que había que sujetar para que no se cayera.


Al entrar fuimos con el guia a los servicios, uno de los puntos mas divertidos del sitio. Es increíble lo que trabajan la perspectiva en este sitio. Lo siento, nos dió un apretón en el momento de sacar la foto...


Y las tapas de los retretes eran acordes al sitio.


Bueno, de aquí fuimos a Queenstown, capital de los deportes extremos de Nueva Zelanda (hay quien dice del mundo). Todo lo que puedas imaginar y que se pueda hacer, se hace aquí. Desde paseos en quad, canoa, rafting, vuelos panorámicos, hasta shotover jet (lanchas de turbina por entre los cañones de un río), saltos en paracaídas a 12.000, 15.000 y 18.000 pies a ir de pasajero en un avión acrobático de los de Red Bull. Pasando por subir en helicóptero a lo alto de una montaña y bajar esquiando, por el parapente y por el parasky. Todo lo que te puedas imaginar. Bueno, todo, todo no. Yo he visto algo que falta, pero no lo voy a decir no sea que se me adelante alguno.
El caso es que tras una vuelta rápida donde nos indicaron los mejores sitios para comer y las zonas de tiendas, el puerto, etc. Nos fuimos directos al teleférico que sube al skyline. Este teleférico se jacta de ser el más vertical del mundo. Bien es cierto que podían haber puesto un funicular o un ascensor, porque la subidita se las trae. Justo cuando llegas arriba, hay una plataforma de Bungy Jumping de A.J. Hackett (otra delegación) que tampoco tenia clientela para poder ver algún colgado saltando. Colgado boca abajo, digo. En el mismo "chiringuito" que tienen montado arriba, además del restaurante y la tienda de regalos pertinente, hay un mirador desde donde se ven unas vistas de Queenstown fantásticas con el lago Wakatipu al fondo.

Para bajar hay dos opciones, o el método tradicional de bajar igual que has subido, en teleéerico o pagando 12 NZD más por persona, puedes bajar en una especie de kart que que funciona por gravedad. Es decir, no tiene motor ni nada que lo haga ir mas rápido que la gravedad. Nosotros usamos el método tradicional ya que hacia un frío tremendo, como para pasar más.


Una vez estuvimos todos en el autobús nos llevaron al hotel. En este tour les gusta alojarnos en hoteles de la cadena Millenium, pero para que tengamos vistas al lago nos han alojado en el Copthorn que hay justo enfrente del Millenium y que tiene unas buenas vistas al lago. Una pena que solo pudiéramos disfrutarlas el ultimo día, ya que el primero, nos dejaron a las 1620 y como era tarde para comer, dejamos las maletas y las mochilas y salimos corriendo al centro de la ciudad.

Durante el minitour al centro de la ciudad, el guía nos había explicado algún sitio para cenar, y el que Fergburger. Según el guía, tienen la mejor hamburguesa de Nueva Zelanda. Después de probarla, diría que puede estar entre las 5 mejores del mundo. Increíble. Y el precio era realmente bueno (para ser Nueva Zelanda):
- Una hamburguesa Fergburger 11 NZD
- Una hamburguesa Mr. Big Stuff (doble de carne, doble de bacon, queso, cebolla, tomate y lechuga) 16 NZD
- Una ración de patatas fritas con salsa barbacoa 4,50 NZD
- Una ración de aros de cebolla con salsa alioli grande 5,50 NZD
- Dos coca-cola light 7 NZD (3,50 cada una)


Ya con el estomago lleno, muy lleno más bien, nos fuimos a dar una vuelta por el "city center" y a hacer alguna comprilla de recuerdos. Creo que nos recorrimos todas las tiendas de recuerdos del centro y las que no son de recuerdos tambien. El caso es que a eso de las 1830 (estábamos haciendo tiempo a ver si nos entraba el hambre para cenar) nos encontramos con un par de parejas, tambien españolas que bajaban a cenar en esos momentos y nos fuimos a tomar una cerveza a un lugar llamado "Chico's". El lugar es bastante acogedor, con su chimenea de leña y tal, aunque por lo que dice mi señora, el baño no estaba muy limpio. Pero el precio estuvo bastante bien, solo fueron 7 NZD por cada pinta de cerveza.

Después de las cervezas, nos despedimos de nuestros compañeros de viaje y nos fuimos a ver mas tiendas porque nos faltaban aun algunos encargos. De aquí, nos fuimos al sobre, ya que la hamburguesa del Fergburger aun nos estaba haciendo la digestión. Bueno, por eso y porque al día siguiente habíamos quedado para salir a las 0700 para ir a Mildford Sound, aunque aun no teníamos claro si el tiempo nos iba a permitir ir o no. Antes de ir a la cama, pusimos un par de velas a Ranginui y le rezamos un par de plegarias para que al día siguiente hiciera bueno y la tormenta que se acercaba al fiordo se fuese para otro lado.

12 de agosto de 2013

Día 9: Lake Tekapo-Wanaka

Amanecimos pronto, a eso de las 0700, para seguir con la costumbre de salir a las 0830. La verdad es que uno de los detalles de nuestro guía es que todos los días se encargaba de que nos pusieran el servicio de despertador. Está claro que alguno se le ha quedado dormido...
Salimos a las 0830 hacia el monumento al perro pastor, que está al lado de una pequeña capilla junto al lago. Llama la atención que como aquí no ha habido guerras ni han tenido conquistadores, los monumentos son a las cosas más típicas o caseras: al perro pastor, a las frutas, a la oveja, etc. Bueno, el motivo por el que paramos no era por el monumento en si, eran por las vistas. Juzgad vosotros.


Nos comentó Damián que en la capilla se celebraban bodas, pero que los únicos que estaban pendientes de la boda eran los contrayentes. Todos los invitados estaban observando las vistas.

De camino a Wanaka, nos encontramos un atasco neozelandés. Esto es un rebaño de ovejas cruzando la carretera.

Continuamos bordeando el lago Pukaki, un lago de color azul turquesa, precioso. Parece ser que ese color se debe a que al erosionar el glaciar la roca, extrae gran cantidad de caliza que en el agua está en suspensión y cuando llega al lago se precipita en el fondo. En cualquier caso el color es espectacular.



Cuando salimos de la ultima parada en el lago Pukaki, de los baños públicos, Damián nos informó que se dirigía un frente hacia Milford Sound, por lo que muy probablemente no podríamos hacer el vuelo de vuelta en helicóptero desde Mildford, por lo que nos sugirió cambiar el vuelo a ese mismo día modificando un poco el planning y el itinerario. La verdad es que fue un gran acierto, pero no voy a desvelar nada, seguiré con el orden de los acontecimientos. En principio hoy tocaba comida/cena en Wanaka, pero debido a esta modificación de los planes y a que llegaríamos tarde al hotel, nos propusieron comer algo de picoteo en una quesería que "estaba de camino". Antes de llegar a la quesería, hicimos una parada en una frutería que estaba en la carretera. La verdad es que era una pasada. Toda la fruta estaba expuesta y estaba perfecta, impoluta, y además te dejaban probar todo antes de comprarlo. Entre las muchas cosas que había nos quedamos con las cerezas pasas (como las uvas pasas, pero con cerezas), buenísimas; con una especie de turrón de miel con nueces de macadamia y un poco de gengibre. También compramos pistachos tostados y pipas peladas. Estas ultimas no nos gustaron tanto porque eran sin sal y sin tostar, por lo que era como comerte una cucharada de aceite.


Al poco tiempo, llegamos a la quesería. La verdad es que era un negocio familiar, pequeñito y cuando llegamos 27 personas, les ocupamos el local. Tuvimos que meter mesas y sillas de la calle porque dentro no había suficientes; y comer en varias mesas, ya que era imposible comer todos medianamente juntos. Para comer nos pusieron unas tablas con distintos tipos de queso, un poco de salmón natural, unas aceitunas, un poco de membrillo y unas salsas para acompañar los quesos. Adicionalmente pedimos un poco de queso azul para probarlo y la verdad es que era bastante bueno todo.


De aquí fuimos a Arrowtown, un pueblecito minero que se construyó a imagen y semejanza de los pueblos mineros americanos y es como estar paseando por un pueblo recóndito de Norteamerica.


Tras aparcar el autobús, nos dirigimos a una joyería a ver unas pepitas de oro en estado puro. Es curioso que aunque el oro tenga un precio, cuanto más rara es la pepita y en función del cuarzo que tenga integrado el valor aumenta, ya que pasa de ser una pepita que se fundirá a ser un articulo de coleccionista. En la joyería tenían una vitrina con 6 piezas enormes y Damián, el guía, le pidió al dueño que le dejara una para verla.



Tras observar todo el grupo la pieza y hacernos fotos con ella (por cierto, el oro es dos veces mas denso que el plomo, así que imaginaros lo que pesaba la piedrecita), nos dimos cuenta de la diferencia de Nueva Zelanda con cualquier otro país. Entramos casi 30 personas a una joyería que tenia la puerta abierta, nuestro guía le pidió una pepita de oro para enseñárnosla y se la dejó sin ningún reparo. Y todo esto sin ningún agente de seguridad en la puerta, con una sola persona atendiendo y sin cámaras de seguridad de ningún tipo. Es más, unos compañeros le preguntaron por unas joyas que tenia y el sacó amablemente la bandeja y se la dejó mientras iba a atender a otras personas. De ahí fuimos a un taller de jade, justo en la acera de enfrente, que es uno de los sitios mas baratos donde se puede comprar jade neozelandés.
Aquí voy a hacer un pequeño paréntesis para explicar un par de cosas. La primera es que el jade es siempre mas barato en la isla sur. El motivo es sencillo, es donde se encuentra, así que todo lo que hay en la isla norte se ha tenido que comprar en la sur. Y la segunda, es que el jade neozelandés tiene betas, no es puro, por lo que todo el jade puro que se vende no es neozelandés, es chino.
Tras estar paseando por Arrowtown un ratito, nos fuimos al autobús ya que habíamos quedado para realizar a actividad de los helicópteros a las 1530 y eran las 1500. En principio teníamos que estar allí a las 1500, pero llamaron a Damian para decirle que estaba disponible Andy, el piloto de Peter Jackson, con el que rodaron las escenas desde helicóptero de "El Señor de los Anillos" y de "El Hobbit", así que para que nos diera tour a un par de grupos, mandaron a 6 los primeros y luego fuimos el resto. Ni que decir tiene que íbamos supernerviosos a ver si había suerte y nos tocaba con él. Tuvimos que esperar a que trajera a unos novios que se habían casado en lo alto de una montaña (están colgados estos neozelandeses, hacia un frío... y la novia con palabra de honor...) y seguidamente nos montamos con él. Tras un par de vueltas para ver como nos sentábamos, nos tocó a Carmen y a mi delante con él. Y creo que, hasta el momento, ha sido la mejor experiencia de mi vida. El tio es una máquina y llevaba el helicóptero como si fuera un globo. El viaje fue espectacular. Nos llevaron hasta Mildford Sound en media hora (dos días mas tarde comprobaríamos que el paseo en autobús son más de 4 horas), dimos una vuelta por el fiordo y aterrizamos a unos 300m de la cumbre del monte Tutoko, en una pequeña explanada que había justo encima del glaciar. Las vistas increíbles, la sensación de estar contemplando el mundo es espectacular. Ya entiendo a los alpinistas que suben a tanta altitud, la verdad es que es una pasada.

Y desde aquí, vuelta al aeropuerto de Queenstown. He de decir que lo mejor de todo no fue el viaje en si, fue que Carmen hizo el viaje sin ningún miedo (bueno, a veces me apretaba el brazo si daba un botecito el helicóptero, pero genial. Creo que la mejor prueba de ello es la siguiente foto con una cara de felicidad increíble.

La vuelta en el autobús fue un poco mas dura. Yo, por suerte, llevaba pantalón de montaña y botas de montaña y solo se me mojó un poco el pantalón por la nieve, pero alguno (Carmen fue uno de ellos), se bajó del helicóptero en el glacial con playeras o zapatos, así que imaginaros como iban todos en el autobús, descalzos y con un frío... Lo que pasa es que fueron algo zoquetes, porque teníamos las maletas en el autobús, podían haber cogido la ropa que les hiciera falta.

Nota: Si te pasa esto, nunca te dejes la ropa puesta, todo lo que esté mojado te lo debes de quitar, en caso contrario no conseguirás entrar en calor y puede llegar a ser grave. Tampoco pongas la parte helada de tu cuerpo contra una fuente de calor (en este caso, los pies) ya que tu cuerpo tiene tanto frío que los receptores del calor no funcionan adecuadamente y podrías quemarte sin darte cuenta.

El caso es que tras una hora de viaje, llegamos a Wanaka. Creo que si tuviera que hacerme una casita para jubilarme, este sitio tiene todas las papeletas menos una. El sitio es súper tranquilo, pero con vidilla. Tiene unos cuantos restaurantes de todo tipo, tiene tiendas, bares, y unas vistas a un lago, espectacular, FANTASTICO!!

Llegamos al hotel, sobre las 1830 y quedamos a las 1915 en el hall para bajar al centro de la ciudad en el autobús. Aquí creo que fue un error del guía el decir que el restaurante del hotel era buenísimo, ya que solo fuimos nosotros dos. El hotel era muy, muy bonito. Cada una de nuestras habitaciones tenia cocina completa, salón, una pedazo de habitación (muchos hoteles tienen mucho salón y mucha gaita y al final la habitación es poco mas que la cama y las dos mesitas, como el hotel del dia anterior), baño con bañera y... LAVADORA/SECADORA!! Así que antes de irnos a cenar y viendo que era gratis, hicimos una colada, así nos garantizamos el esperar a Sydney para volver a lavar la ropa.

Total, como pronosticaba antes, ahí estábamos Carmen y yo, solos con los dos guías, Esther y Damián, y con el chofer esperando a ver si venia alguien más. Parece ser que el helicóptero les dejó valdaos. Suerte tuvimos nosotros en no ir en uno a pedales. De todas formas, al día siguiente nos dieron la mañana libre porque ya habíamos visto lo que estaba previsto para ese día, así que descansar lo que se dice descansar, se podía perfectamente.

Tras comentar con el guía donde ir, nos recomendarlo el restaurante italiano "The Cow". Aquí el calificativo italiano sobraba un poco ya que era una pizzeria con algo de pasta, pero italiano, italiano, pues no. Las pizzas estaban buenas (no eran de las mejores que he comido, pero estaba buenas) y el precio normal. Pedimos 2 pizzas (Bolognesa y Her Majesty's), un pan de ajo, dos cocacolas y yo cené con agua (el agua en Nueva Zelanda te lo ponen según llegas y gratis) y pagamos poco más de 60 NZD.


Al salir de aquí, la friolera no quería dar el paseo alrededor del lago hasta el hotel (unos 20 minutos-1,2km) así que cogimos un taxi. Primera sorpresa, no tenia taxímetro. Así que cuando llegamos el tio nos dijo que 13 NZD y eso es lo que le pagamos (tampoco es que fuera particularmente caro, para el precio al que están aquí las cosas). Y ya, cerca de las 2130, nos fuimos para el sobre, no sin antes comprobar que habíamos llenado mucho la lavadora y lavar lo lavó todo y bien, pero la secadora pues no hizo su función, así que volvimos a poner la secadora en marcha y pusimos algo de ropa en perchas cerca de los radiadores para que pudiera secarse.

11 de agosto de 2013

Día 8: Rotorua-Christchurch-Lake Tekapo

Hoy comienza el viaje hacia la isla sur. Salimos a las 0830 del hotel hacia lo que es el edificio mas fotografiado de Nueva Zelanda, el  edificio del Museo de Arte e Historia de Rotorua.

Desde allí nos acercamos al lago a ver los cisnes negros. Una variedad de cisne que es endémica de Nueva Zelanda, también está bastante enseñado, ya que buscan a la gente para que les den comida.

De ahí fuimos al Parque de Waimangu, un parque volcánico que te muestra "como comenzó el mundo".

Lo que mas llama la atención según entramos son los helechos. Nueva Zelanda cuenta con una enorme variedad de helechos, llegando a medir algunas especies mas de 3 y 4 metros de alto y teniendo unos troncos espectaculares. Posteriormente hemos visto adornos hechos con esos troncos y son realmente espectaculares.
En nuestro caso el tour sobre este parque volcánico se centraba en una caminata de 1,5horas con la visita a dos lagos: el lago Frying Pan Lake y el Inferno Crater Lake. En el primero de ellos el agua es agua caliente, cerca de 80º C. El vapor que sale del lago es sofocante cuando se dirige hacia a ti y el paseo alrededor de ese lago es bastante sofocante en general.

El segundo lago está un poco más fresquito, a unos 50ºC pero el problema es que el agua es sumamente ácida, un pH de entre 2,5 y 3,4. Este segundo lago llama la atención que se vacía cada 38 días.

La caminata es muy sencilla y siempre hacia abajo salvo para subir a ver el lago Inferno que hay que subir unos escalones. Por lo demás, es una caminata sencilla. A mi me supo a poco, me hubiera gustado hacer el tour completo. Al terminar nuestro tour en el parque de Waimangu, un autobús del parque nos recogió y nos llevó de nuevo a la entrada. Como curiosidad os contaré que en todos los sitios te dejan paraguas cuando llueve.
Bueno, de aquí ya nos íbamos para el aeropuerto cuando nuestro guía decidió hacer una ultima parada. Nos llevó al bosque donde hace 100 años se repoblaron con sequoias americanas y ahora se pueden ver los "arbolitos" de hace 100 años de unos 46 metros de altura. Una norma que nos contó el guia que se ha instaurado en Nueva Zelanda es que por cada árbol cortado se deben plantar dos. Es increíble lo bien que piensan en este país las cosas.

Bueno, desde este parque nos fuimos al Aeropuerto Internacional de Rotorua. Es internacional porque tiene 3 vuelos semanales a Sydney, pero de tamaño es mas pequeño que el de Santander. Lo que mas nos ha llamado la atención fue que no hay ningún tipo de control de seguridad, pero ninguno. Solo hay un cartel recordándote que no puedes llevar líquidos de mas de 100ml y que no lleves determinados artículos, pero nosotros subimos con una botella de agua y con una cocacola sin problemas. Aquí la seguridad la tiene que tener cada uno y todo el mundo confía en que se cumplan las normas. Es como debería de ser todo en este mundo. Eso si, para subir al avión hay que pagar un "impuesto" de 5 NZD si es un vuelo nacional y 25 NZD si es internacional. Pero solo es desde este aeropuerto, probablemente porque han tenido que ampliar la pista y les hace falta recaudar dinero.

El vuelo le hicimos en un ATR 72 como el que nos llevó desde Santander a Madrid. La verdad es que el vuelo fue bastante bueno, salvo por el paso entre las dos islas que es donde hay algo de turbulencias.

Una vez que llegamos a Christchurch nos volvió a sorprender lo mismo, no había ningún control de seguridad en el aeropuerto, ni para entrar ni para salir. Y no recuerdo haber visto a ningún policía en el aeropuerto salvo el de las aduanas de Auckland.
Una vez nos montamos en el autobús, el guía nos propuso ir a ver Christchurch después del terremoto. Y la verdad es que hay dos cosas que nos sorprendieron: la primera es que tras venirse abajo una gran cantidad de edificios y los que no se colapsaron y tienen daños estructurales serios, los han derruido y dejado solares donde se empezará a construir. Los edificios que se están rehabilitando se han puesto contenedores de barco para sujetar la estructura. La segunda cosa que nos llamó la atención es el monumento a las víctimas del seísmo. Una explanada con 187 sillas blancas. Muy emocionante.


Desde aquí fuimos a una granja neozelandesa a cenar. Esto lo comento, pero no es un sitio donde se pueda ir a cenar libremente ya que es una propiedad privada que nos llevó nuestro guía. La cena fue tipo buffet, nos pusieron costillas, hamburguesas, longanizas de vaca, ensalada de pasta con frutos secos (pipas y cacahuetes), verduras a la parrilla, panecillos caseros y de postre una pavlova. Como el resto sabemos todos lo que es, voy a explicar un poco la pavlova. Es un postre típico neozelandés (o australiano, todos se lo atribuyen) que consiste en un merengue horneado por fuera y relleno de una crema de maracuyá y merengue por dentro, adornado con trocitos de kiwi. Estaba espectacular. Os pongo una fotillo para dar envidia.

De ahí, fuimos ya al lago Tekapo, donde teníamos el alojamiento esa noche. El guía nos contó que pese a ser uno de los mejores hoteles del circuito, partiríamos pronto ya que el pueblo no tenia nada para hacer. El pueblo era una recta con 6 bares, un banco, una oficina de correos y un supermercado. Así que nos fuimos prontito a dormir. El hotel eran apartamentos de dos pisos. En el piso de abajo tenia cocina, salón y un aparato de aire acondicionado con bomba de calor. En el piso de arriba había un dormitorio con aparato de aire acondicionado con bomba de calor y calientacamas individuales y un baño con calefactor, suelo radiante y ducha. No os podéis imaginar lo que es poner el suelo radiante por la noche y que cuando salgas de la ducha esté calentito. La bomba!!! La única pega que le puedo poner es que lo que seria la habitación era poco mas grande que la cama y las dos mesitas, pero por ponerle una pega, ya que la terraza del piso superior y la del inferior lo compensaban.


10 de agosto de 2013

Día 7: Auckland-Matamata-Rotorua

Hoy era el día mágico. Hoy era el día que llevaba esperando mucho tiempo, así que a las 0815 estábamos puntuales en el hall del hotel, desayunados, con las maletas y con el checkout hecho. El día amaneció lluvioso, pero yo tenia fe (aunque no sirvió de nada). Hicimos un camino super bonito hasta Matamata, lugar donde se encuentra Hobbiton. Allí pudimos ver el único set que hay montado de la trilogía de "El Señor de los Anillos" y de "El Hobbit". La verdad es que ver el set de rodaje tan sumamente cerca, nos dejó impresionados. No hay nada que no esté cuidado al detalle.


Las casas hobbits, no son de igual tamaño, para que la perspectiva parezca que están mas lejos. El árbol que hay encima de la casa de Bilbo Baggins (Bilbo Bolson en la traducción española) resulta que es 100% artificial, se hizo cortando ramas de otros robles, numerándolas y creando uno totalmente artificial encima de la casa de Bilbo.


Esta casa es la única que tiene cosas dentro y que no se puede visitar, según nos contaron, porque hasta que no se estrene la tercera pelicula de "El Hobbit" seria desvelar algún secreto. No se, debe de ser que el final de "El Hobbit", al igual que el final de "El Señor de los Anillos", no lo sabe nadie...
El caso es que tras ver La Comarca,


la casa de Bilbo,


la casa de Sam,


el roble de la fiesta del 101 cumpleaños de Bilbo,

el camino donde Frodo para a Gandalf y se sube con él a la carreta, etc.

Nos fuimos a tomar una cerveza a "El Dragon Verde". El sitio era chulísimo y la zona en cuestión es donde Gandalf recoge a los 4 hobbits para ir a los puertos grises a despedir a Bilbo.


La verdad es que me encantó. Aunque he de reconocer que cada vez que veo un paisaje aquí, veo un cachito de Gondor, de Minas Tirith, de Mordor,...
Como dato, la entrada a Hobbiton son 75NZD y te acompaña un guía que te tiene controlado. Eso si, el tio que nos tocó a nosotros era súper majo. Nos contó unas cuantas anécdotas del rodaje.
Bueno, como la visita a Hobbiton fue larga (y mojada, por cierto), nos llegó la hora de comer y nos dirigimos a Matamata a una granja donde un granjero se ha jubilado ya, ahora se dedica a hacer comidas tradicionales. Eso si, he visto que aquí la gente no dejan nada a la improvisación. Una compañera de mesa italiana le preguntó la receta de la salsa de menta y le dieron un librito con las recetas que se podía llevar a casa por el módico precio de 25 NZD (aquí las pijadas están entre 15 y 30 NZD, y no se ponen ni coloraos). Lo que era la comida tradicional era una pierna de oveja/carnero asada con ensalada, patatas con salsa tipo alioli y tarta de zanahoria con helado de nata y nada batida. Es curioso que aquí digan que lo que comen es cordero, cuando normalmente es carne de animal adulto.
El caso es que tras la copiosa comida y jugar con el gato y la perra de los granjeros (el gato era supercariñoso y la perra tenia 12 años y solo quería que la rascaran), partimos hacia Rotorua. La verdad es que el viaje se hizo un poquito largo. A mi no, que me di unas cabezadas, pero llegamos a Rotorua a eso de las 1700. Hicimos el checkin en el hotel y salimos pitando hacia Te Puia para verlo de día.
Te Puia es un sitio que hay que visitar. Mas que nada porque lo tiene todo. Puedes ver la actividad geotermal de Rotorua: la piscina de lodo hirviendo, el geiser de agua de continuo de unos 15metros, las piscina de agua caliente, etc.


También puedes ver un kiwi bird ya que tienen una pareja en un recinto muy similar a su habitat. El problema es que el kiwi bird es un animal de hábitos nocturnos y tiene unos ojos muy sensibles a la luz por lo que lo tienen con una iluminación muy escasa. Por este motivo, está prohibido hacer fotos o grabar en vídeo a un kiwi ya que un solo flash, podría dejarlo ciego. El caso es que allí había una pareja y vimos a uno de ellos corretear y picar en el suelo buscando comida. Y de ahí fuimos a ver el centro de cultura mahorí donde hay una representación de un poblado mahorí, una reproducción de una canoa mahorí y un taller donde enseñan artesanía mahorí a la gente para seguir la tradición mahorí. Después de ver esto, nos dirigimos al poblado, donde nos recibieron de la forma tradicional. Esto es salen los mahoris de la cabaña (la cabaña era una especie de teatro con capacidad para 200 o 300 personas, aprox) te hacen la danza del Haka y te dejan un presente (en este caso, una flor). Si la rechazas es que buscas guerra y si la aceptas es que vienes en son de paz y eres bienvenido.


Nuestro representante era un chaval de 21 años que era su cumpleaños, lo aceptó y entramos. Allí nos hicieron unos bailes tradicionales mahoris y posteriormente nos invitaron a cenar una cena neozelandesa, ya que aquellos platos no eran mahoris. Pero estaba bastante bueno todo y era buffet.
Cuando salimos de aquí fuimos al hotel. Los otros grupos se fueron a ver lo geisers, pero nuestro guía nos dijo que era preferible no descansar en el hotel e ir a velo durante el día que por la noche con unos focos, y tenia toda la razón del mundo.
Cuando llegamos al hotel fuimos a la tienda de regalos de enfrente a dar una vuelta, y de ahí al bar del hotel que nos invitaban a una copa (cerveza o vino, la definición de copa aquí no lo tienen muy clara) y a la cama, que al día siguiente tocaba cambio de isla en avión.