El día empezaba tranquilo. Como ya dije en el post del día anterior, no teníamos nada que hacer hasta las 1030, así que nos levantamos tarde. Bueno, tarde son las 0800, que había que hacer la maleta y dejar la habitación antes de las 1000, ya que teníamos que estar a las 1015 en el centro de Queenstown. Bien, pues a las 1015 estábamos como clavos en "The Station" en la calle Shotover. Y para qué? Pues para irnos en un autobús a hacer esto:
Una lancha con un motor turbina que corría por el río como si la persiguieran. Espectacular. La lancha lleva un motor Hamilton (lo inventó un tio de Nueva Zelanda que se llamaba Hamilton) que lo que hace es captar agua por la parte inferior de la lancha y lanzarlo a presión por detrás. Los chorros por donde sale el agua son dirigibles, por lo que no lleva timón y puede ir por zonas en las que solo hace falta que haya 10 centímetros de profundidad. Y esto iba a una velocidad considerable. Yo creo que sobre los 40-50 nudos con facilidad, Además, la ventaja que tiene este sistema de dirección es que permite a la barca deslizarse sobre el agua, como si estuviera derrapando y hacer giros de 360º. Espectacular, vamos. Lo que no nos dijeron es que la cabeza si se moja, así que os podéis imaginar los morros de la contraria porque se había lavado la cabeza por la mañana.
Cuando salimos de la barquita en cuestión, nos cogieron en el mismo autobús y nos devolvieron al centro de la ciudad. De ahí fuimos al hotel y allí nos cogieron poco mas tarde para ir al aeropuerto, ya que nuestro vuelo salía a las 1330 y el avión a las 1610.
Tras facturar las maletas, comimos algo y me puse a escribir para el blog ya que la espera iba a ser larga.
Bueno, aquí si que había control, no como en Rotorua o en Christchurch, pero como la zona interna es bastante pequeña (el aeropuerto no es que sea enorme, precisamente) pues esperamos a la ultima media hora para pasar seguridad.
El vuelo bien. Un poco de turbulencia al dejar la isla y en el centro del mar de Tasmania, pero bien.
Llegamos a Melbourne en hora, a las 1735. Y empezó la odisea. En el avión nos habían dado una tarjeta que teníamos que cumplimentar indicando si llevabas cosas no permitidas. El problema es que bajo una misma linea tienes tropecientas cosas y, de casualidad, todas estaban en la maleta de Carmen, por lo que tenia mas cruces que una quiniela. De echo, el chico de aduanas que nos comprobó los pasaportes exclamó "cuantas cruces!!". Así que primero nos tocó explicarle a una chica todo el itinerario, que éramos recién casados, etc. Lo apuntó todo. Todo!! De ahí fuimos a coger la maleta. Según íbamos a coger la maleta, no se si le avisarían o no, pero un tio nos cogió al vuelo y tuvimos que repetirle toda la historia y que era cada cosa que habíamos marcado que traíamos. Lo vio todo bien y fuimos a coger el equipaje. De aquí fuimos a la zona donde te inspeccionan la maleta. Bien, aquí nos apartan y nos dicen que van a hacer una llamada. Después de 5 minutos cagados y los policías venga a ponerse guantes de latex nos dicen que pasemos y que no hace falta que abramos la maleta. Hasta que no vimos la calle no nos quedamos tranquilos. Y encima, todo lleno de carteles porque los de "Border Customs" estaban grabando!!!
Salimos y allí nos estaba esperando Nicolas. Nicolas fue el que nos llevó al hotel y nos explicó un poco lo que podíamos ver/hacer esa noche que tampoco teníamos mucho mas tiempo. Tras media hora de viaje, nos dejó en el hotel que, por cierto, estaba en el centro, centro, de Melbourne.
Y siguiendo las indicaciones de Nicolas, fuimos a cenar al casino de Melbourne (además de la zona de azar, tiene una zona de ocio para el resto de los mortales). Y una vez cenados, nos fuimos a la cama, que estábamos bastante cansados y al día siguiente nos cogían demasiado pronto.


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