11 de agosto de 2013

Día 8: Rotorua-Christchurch-Lake Tekapo

Hoy comienza el viaje hacia la isla sur. Salimos a las 0830 del hotel hacia lo que es el edificio mas fotografiado de Nueva Zelanda, el  edificio del Museo de Arte e Historia de Rotorua.

Desde allí nos acercamos al lago a ver los cisnes negros. Una variedad de cisne que es endémica de Nueva Zelanda, también está bastante enseñado, ya que buscan a la gente para que les den comida.

De ahí fuimos al Parque de Waimangu, un parque volcánico que te muestra "como comenzó el mundo".

Lo que mas llama la atención según entramos son los helechos. Nueva Zelanda cuenta con una enorme variedad de helechos, llegando a medir algunas especies mas de 3 y 4 metros de alto y teniendo unos troncos espectaculares. Posteriormente hemos visto adornos hechos con esos troncos y son realmente espectaculares.
En nuestro caso el tour sobre este parque volcánico se centraba en una caminata de 1,5horas con la visita a dos lagos: el lago Frying Pan Lake y el Inferno Crater Lake. En el primero de ellos el agua es agua caliente, cerca de 80º C. El vapor que sale del lago es sofocante cuando se dirige hacia a ti y el paseo alrededor de ese lago es bastante sofocante en general.

El segundo lago está un poco más fresquito, a unos 50ºC pero el problema es que el agua es sumamente ácida, un pH de entre 2,5 y 3,4. Este segundo lago llama la atención que se vacía cada 38 días.

La caminata es muy sencilla y siempre hacia abajo salvo para subir a ver el lago Inferno que hay que subir unos escalones. Por lo demás, es una caminata sencilla. A mi me supo a poco, me hubiera gustado hacer el tour completo. Al terminar nuestro tour en el parque de Waimangu, un autobús del parque nos recogió y nos llevó de nuevo a la entrada. Como curiosidad os contaré que en todos los sitios te dejan paraguas cuando llueve.
Bueno, de aquí ya nos íbamos para el aeropuerto cuando nuestro guía decidió hacer una ultima parada. Nos llevó al bosque donde hace 100 años se repoblaron con sequoias americanas y ahora se pueden ver los "arbolitos" de hace 100 años de unos 46 metros de altura. Una norma que nos contó el guia que se ha instaurado en Nueva Zelanda es que por cada árbol cortado se deben plantar dos. Es increíble lo bien que piensan en este país las cosas.

Bueno, desde este parque nos fuimos al Aeropuerto Internacional de Rotorua. Es internacional porque tiene 3 vuelos semanales a Sydney, pero de tamaño es mas pequeño que el de Santander. Lo que mas nos ha llamado la atención fue que no hay ningún tipo de control de seguridad, pero ninguno. Solo hay un cartel recordándote que no puedes llevar líquidos de mas de 100ml y que no lleves determinados artículos, pero nosotros subimos con una botella de agua y con una cocacola sin problemas. Aquí la seguridad la tiene que tener cada uno y todo el mundo confía en que se cumplan las normas. Es como debería de ser todo en este mundo. Eso si, para subir al avión hay que pagar un "impuesto" de 5 NZD si es un vuelo nacional y 25 NZD si es internacional. Pero solo es desde este aeropuerto, probablemente porque han tenido que ampliar la pista y les hace falta recaudar dinero.

El vuelo le hicimos en un ATR 72 como el que nos llevó desde Santander a Madrid. La verdad es que el vuelo fue bastante bueno, salvo por el paso entre las dos islas que es donde hay algo de turbulencias.

Una vez que llegamos a Christchurch nos volvió a sorprender lo mismo, no había ningún control de seguridad en el aeropuerto, ni para entrar ni para salir. Y no recuerdo haber visto a ningún policía en el aeropuerto salvo el de las aduanas de Auckland.
Una vez nos montamos en el autobús, el guía nos propuso ir a ver Christchurch después del terremoto. Y la verdad es que hay dos cosas que nos sorprendieron: la primera es que tras venirse abajo una gran cantidad de edificios y los que no se colapsaron y tienen daños estructurales serios, los han derruido y dejado solares donde se empezará a construir. Los edificios que se están rehabilitando se han puesto contenedores de barco para sujetar la estructura. La segunda cosa que nos llamó la atención es el monumento a las víctimas del seísmo. Una explanada con 187 sillas blancas. Muy emocionante.


Desde aquí fuimos a una granja neozelandesa a cenar. Esto lo comento, pero no es un sitio donde se pueda ir a cenar libremente ya que es una propiedad privada que nos llevó nuestro guía. La cena fue tipo buffet, nos pusieron costillas, hamburguesas, longanizas de vaca, ensalada de pasta con frutos secos (pipas y cacahuetes), verduras a la parrilla, panecillos caseros y de postre una pavlova. Como el resto sabemos todos lo que es, voy a explicar un poco la pavlova. Es un postre típico neozelandés (o australiano, todos se lo atribuyen) que consiste en un merengue horneado por fuera y relleno de una crema de maracuyá y merengue por dentro, adornado con trocitos de kiwi. Estaba espectacular. Os pongo una fotillo para dar envidia.

De ahí, fuimos ya al lago Tekapo, donde teníamos el alojamiento esa noche. El guía nos contó que pese a ser uno de los mejores hoteles del circuito, partiríamos pronto ya que el pueblo no tenia nada para hacer. El pueblo era una recta con 6 bares, un banco, una oficina de correos y un supermercado. Así que nos fuimos prontito a dormir. El hotel eran apartamentos de dos pisos. En el piso de abajo tenia cocina, salón y un aparato de aire acondicionado con bomba de calor. En el piso de arriba había un dormitorio con aparato de aire acondicionado con bomba de calor y calientacamas individuales y un baño con calefactor, suelo radiante y ducha. No os podéis imaginar lo que es poner el suelo radiante por la noche y que cuando salgas de la ducha esté calentito. La bomba!!! La única pega que le puedo poner es que lo que seria la habitación era poco mas grande que la cama y las dos mesitas, pero por ponerle una pega, ya que la terraza del piso superior y la del inferior lo compensaban.


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