13 de agosto de 2013

Día 10: Wanaka-Queenstown

Cuando te dicen mañana libre, eso tiene más peligro que un mono con una pistola. Así que siendo previsores, pusimos la alarma a las 0830 (que ya era una hora y media mas que el resto de los días) y el móvil (el despertador) en la mesa que estaba al otro extremo de la habitación, para asegurarte que te levantas a apagarlo.
Como ya teníamos todo seco (menos mal), pues recogimos la ropa, la doblamos (lo de planchar, para otro día) y lo metimos en las maletas. Dejamos las maletas delante de la puerta de la habitación y nos fuimos a desayunar justo, justo, antes de que cerrasen los desayunos. Después de desayunar, cogimos las mochilas y nos fuimos dando el paseo que no dimos la noche anterior. Estas 3 horas desde que nos levantamos (las cosas de palacio van despacio) permitió que la niebla levantase y pudiésemos ver algo, porque a las 0830 no veían las sillas de la terraza desde dentro de la habitación.


Bueno, el paseo es cierto, es precioso. Es entre la vereda del lago, entre arboles, y siempre con unas vistas increíbles al fondo. Llegando ya al pueblo vimos unas barbacoas de gas. En Nueva Zelanda, como prácticamente todo es un parque natural, para que no hagas fuego colocan estas barbacoas que funcionan con una moneda para que hagas un fuego totalmente controlado y seguro. Sigo diciendo que esta gente cuando hace las cosas, las hace muy, pero que muy bien.

El caso es que llegamos al punto de encuentro, el embarcadero, la única edificación que hay en Wanaka que está en el lado de la carretera que da al lago, todas las demás quedan en el interior. Y ahí, lo más increíble es asomarse al embarcadero. Es un lugar en el que está prohibida la pesca, pero las anguilas que hay de mas de 2 metros (parecen morenas del tamaño que tienen) y los salmones que pasean (el agua aumenta, pero creo que he visto alguno de bastante más de medio metro) es espectacular. Y lo mejor de todo es que el agua es tan cristalina, que los ves desde la superficie con total claridad. Para los amantes de la pesca, les recomendaría antes ir a Nueva Zelanda a pescar que a Islandia.

A las 1230 partimos hacia el "Bungy Bridge", lugar donde A.J. Hackett inventó el bungyjumping (lo que viene siendo el benging o puenting con goma). El tio empezó con una casetuca y ahora tiene unos 15 empleados (10 entre monitores, cámaras y personal de tienda, mas otras 5 personas en la cafetería) y no se cuantas delegaciones que tiene el colega en medio mundo. Así que es uno de los tñios mas ricos de Nueva Zelanda. Bueno, como no me dejaron saltar, pues tampoco pude fotografiar o grabar el salto de nadie, que la broma del salto son 180 NZD. Cabe destacar que el arnés que usan aquí no te coge solo de los tobillos. Es un arnés de cuerpo entero (no solo de cintura) y te sujetan a él los tobillos, de forma que en el momento de estirar la goma, el impacto se reparte por todo el cuerpo, no repercute solo en los tobillos y en la espalda. Llevan mas de 2 millones de saltos desde ese puente y 0 accidentes de ningún tipo (ni dislocaciones ni fracturas ni nada achacable al salto).

El ir a ver el Bungy Bridge nos hizo volver hacia atrás, pero nos lo habíamos saltado el día anterior por hacer el paseo en helicóptero. Retomando el viaje del día, fuimos a Puzzlingworld. El sitio es bastante original. Nada mas llegar nos encontramos con esta torre que había que sujetar para que no se cayera.


Al entrar fuimos con el guia a los servicios, uno de los puntos mas divertidos del sitio. Es increíble lo que trabajan la perspectiva en este sitio. Lo siento, nos dió un apretón en el momento de sacar la foto...


Y las tapas de los retretes eran acordes al sitio.


Bueno, de aquí fuimos a Queenstown, capital de los deportes extremos de Nueva Zelanda (hay quien dice del mundo). Todo lo que puedas imaginar y que se pueda hacer, se hace aquí. Desde paseos en quad, canoa, rafting, vuelos panorámicos, hasta shotover jet (lanchas de turbina por entre los cañones de un río), saltos en paracaídas a 12.000, 15.000 y 18.000 pies a ir de pasajero en un avión acrobático de los de Red Bull. Pasando por subir en helicóptero a lo alto de una montaña y bajar esquiando, por el parapente y por el parasky. Todo lo que te puedas imaginar. Bueno, todo, todo no. Yo he visto algo que falta, pero no lo voy a decir no sea que se me adelante alguno.
El caso es que tras una vuelta rápida donde nos indicaron los mejores sitios para comer y las zonas de tiendas, el puerto, etc. Nos fuimos directos al teleférico que sube al skyline. Este teleférico se jacta de ser el más vertical del mundo. Bien es cierto que podían haber puesto un funicular o un ascensor, porque la subidita se las trae. Justo cuando llegas arriba, hay una plataforma de Bungy Jumping de A.J. Hackett (otra delegación) que tampoco tenia clientela para poder ver algún colgado saltando. Colgado boca abajo, digo. En el mismo "chiringuito" que tienen montado arriba, además del restaurante y la tienda de regalos pertinente, hay un mirador desde donde se ven unas vistas de Queenstown fantásticas con el lago Wakatipu al fondo.

Para bajar hay dos opciones, o el método tradicional de bajar igual que has subido, en teleéerico o pagando 12 NZD más por persona, puedes bajar en una especie de kart que que funciona por gravedad. Es decir, no tiene motor ni nada que lo haga ir mas rápido que la gravedad. Nosotros usamos el método tradicional ya que hacia un frío tremendo, como para pasar más.


Una vez estuvimos todos en el autobús nos llevaron al hotel. En este tour les gusta alojarnos en hoteles de la cadena Millenium, pero para que tengamos vistas al lago nos han alojado en el Copthorn que hay justo enfrente del Millenium y que tiene unas buenas vistas al lago. Una pena que solo pudiéramos disfrutarlas el ultimo día, ya que el primero, nos dejaron a las 1620 y como era tarde para comer, dejamos las maletas y las mochilas y salimos corriendo al centro de la ciudad.

Durante el minitour al centro de la ciudad, el guía nos había explicado algún sitio para cenar, y el que Fergburger. Según el guía, tienen la mejor hamburguesa de Nueva Zelanda. Después de probarla, diría que puede estar entre las 5 mejores del mundo. Increíble. Y el precio era realmente bueno (para ser Nueva Zelanda):
- Una hamburguesa Fergburger 11 NZD
- Una hamburguesa Mr. Big Stuff (doble de carne, doble de bacon, queso, cebolla, tomate y lechuga) 16 NZD
- Una ración de patatas fritas con salsa barbacoa 4,50 NZD
- Una ración de aros de cebolla con salsa alioli grande 5,50 NZD
- Dos coca-cola light 7 NZD (3,50 cada una)


Ya con el estomago lleno, muy lleno más bien, nos fuimos a dar una vuelta por el "city center" y a hacer alguna comprilla de recuerdos. Creo que nos recorrimos todas las tiendas de recuerdos del centro y las que no son de recuerdos tambien. El caso es que a eso de las 1830 (estábamos haciendo tiempo a ver si nos entraba el hambre para cenar) nos encontramos con un par de parejas, tambien españolas que bajaban a cenar en esos momentos y nos fuimos a tomar una cerveza a un lugar llamado "Chico's". El lugar es bastante acogedor, con su chimenea de leña y tal, aunque por lo que dice mi señora, el baño no estaba muy limpio. Pero el precio estuvo bastante bien, solo fueron 7 NZD por cada pinta de cerveza.

Después de las cervezas, nos despedimos de nuestros compañeros de viaje y nos fuimos a ver mas tiendas porque nos faltaban aun algunos encargos. De aquí, nos fuimos al sobre, ya que la hamburguesa del Fergburger aun nos estaba haciendo la digestión. Bueno, por eso y porque al día siguiente habíamos quedado para salir a las 0700 para ir a Mildford Sound, aunque aun no teníamos claro si el tiempo nos iba a permitir ir o no. Antes de ir a la cama, pusimos un par de velas a Ranginui y le rezamos un par de plegarias para que al día siguiente hiciera bueno y la tormenta que se acercaba al fiordo se fuese para otro lado.

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