12 de agosto de 2013

Día 9: Lake Tekapo-Wanaka

Amanecimos pronto, a eso de las 0700, para seguir con la costumbre de salir a las 0830. La verdad es que uno de los detalles de nuestro guía es que todos los días se encargaba de que nos pusieran el servicio de despertador. Está claro que alguno se le ha quedado dormido...
Salimos a las 0830 hacia el monumento al perro pastor, que está al lado de una pequeña capilla junto al lago. Llama la atención que como aquí no ha habido guerras ni han tenido conquistadores, los monumentos son a las cosas más típicas o caseras: al perro pastor, a las frutas, a la oveja, etc. Bueno, el motivo por el que paramos no era por el monumento en si, eran por las vistas. Juzgad vosotros.


Nos comentó Damián que en la capilla se celebraban bodas, pero que los únicos que estaban pendientes de la boda eran los contrayentes. Todos los invitados estaban observando las vistas.

De camino a Wanaka, nos encontramos un atasco neozelandés. Esto es un rebaño de ovejas cruzando la carretera.

Continuamos bordeando el lago Pukaki, un lago de color azul turquesa, precioso. Parece ser que ese color se debe a que al erosionar el glaciar la roca, extrae gran cantidad de caliza que en el agua está en suspensión y cuando llega al lago se precipita en el fondo. En cualquier caso el color es espectacular.



Cuando salimos de la ultima parada en el lago Pukaki, de los baños públicos, Damián nos informó que se dirigía un frente hacia Milford Sound, por lo que muy probablemente no podríamos hacer el vuelo de vuelta en helicóptero desde Mildford, por lo que nos sugirió cambiar el vuelo a ese mismo día modificando un poco el planning y el itinerario. La verdad es que fue un gran acierto, pero no voy a desvelar nada, seguiré con el orden de los acontecimientos. En principio hoy tocaba comida/cena en Wanaka, pero debido a esta modificación de los planes y a que llegaríamos tarde al hotel, nos propusieron comer algo de picoteo en una quesería que "estaba de camino". Antes de llegar a la quesería, hicimos una parada en una frutería que estaba en la carretera. La verdad es que era una pasada. Toda la fruta estaba expuesta y estaba perfecta, impoluta, y además te dejaban probar todo antes de comprarlo. Entre las muchas cosas que había nos quedamos con las cerezas pasas (como las uvas pasas, pero con cerezas), buenísimas; con una especie de turrón de miel con nueces de macadamia y un poco de gengibre. También compramos pistachos tostados y pipas peladas. Estas ultimas no nos gustaron tanto porque eran sin sal y sin tostar, por lo que era como comerte una cucharada de aceite.


Al poco tiempo, llegamos a la quesería. La verdad es que era un negocio familiar, pequeñito y cuando llegamos 27 personas, les ocupamos el local. Tuvimos que meter mesas y sillas de la calle porque dentro no había suficientes; y comer en varias mesas, ya que era imposible comer todos medianamente juntos. Para comer nos pusieron unas tablas con distintos tipos de queso, un poco de salmón natural, unas aceitunas, un poco de membrillo y unas salsas para acompañar los quesos. Adicionalmente pedimos un poco de queso azul para probarlo y la verdad es que era bastante bueno todo.


De aquí fuimos a Arrowtown, un pueblecito minero que se construyó a imagen y semejanza de los pueblos mineros americanos y es como estar paseando por un pueblo recóndito de Norteamerica.


Tras aparcar el autobús, nos dirigimos a una joyería a ver unas pepitas de oro en estado puro. Es curioso que aunque el oro tenga un precio, cuanto más rara es la pepita y en función del cuarzo que tenga integrado el valor aumenta, ya que pasa de ser una pepita que se fundirá a ser un articulo de coleccionista. En la joyería tenían una vitrina con 6 piezas enormes y Damián, el guía, le pidió al dueño que le dejara una para verla.



Tras observar todo el grupo la pieza y hacernos fotos con ella (por cierto, el oro es dos veces mas denso que el plomo, así que imaginaros lo que pesaba la piedrecita), nos dimos cuenta de la diferencia de Nueva Zelanda con cualquier otro país. Entramos casi 30 personas a una joyería que tenia la puerta abierta, nuestro guía le pidió una pepita de oro para enseñárnosla y se la dejó sin ningún reparo. Y todo esto sin ningún agente de seguridad en la puerta, con una sola persona atendiendo y sin cámaras de seguridad de ningún tipo. Es más, unos compañeros le preguntaron por unas joyas que tenia y el sacó amablemente la bandeja y se la dejó mientras iba a atender a otras personas. De ahí fuimos a un taller de jade, justo en la acera de enfrente, que es uno de los sitios mas baratos donde se puede comprar jade neozelandés.
Aquí voy a hacer un pequeño paréntesis para explicar un par de cosas. La primera es que el jade es siempre mas barato en la isla sur. El motivo es sencillo, es donde se encuentra, así que todo lo que hay en la isla norte se ha tenido que comprar en la sur. Y la segunda, es que el jade neozelandés tiene betas, no es puro, por lo que todo el jade puro que se vende no es neozelandés, es chino.
Tras estar paseando por Arrowtown un ratito, nos fuimos al autobús ya que habíamos quedado para realizar a actividad de los helicópteros a las 1530 y eran las 1500. En principio teníamos que estar allí a las 1500, pero llamaron a Damian para decirle que estaba disponible Andy, el piloto de Peter Jackson, con el que rodaron las escenas desde helicóptero de "El Señor de los Anillos" y de "El Hobbit", así que para que nos diera tour a un par de grupos, mandaron a 6 los primeros y luego fuimos el resto. Ni que decir tiene que íbamos supernerviosos a ver si había suerte y nos tocaba con él. Tuvimos que esperar a que trajera a unos novios que se habían casado en lo alto de una montaña (están colgados estos neozelandeses, hacia un frío... y la novia con palabra de honor...) y seguidamente nos montamos con él. Tras un par de vueltas para ver como nos sentábamos, nos tocó a Carmen y a mi delante con él. Y creo que, hasta el momento, ha sido la mejor experiencia de mi vida. El tio es una máquina y llevaba el helicóptero como si fuera un globo. El viaje fue espectacular. Nos llevaron hasta Mildford Sound en media hora (dos días mas tarde comprobaríamos que el paseo en autobús son más de 4 horas), dimos una vuelta por el fiordo y aterrizamos a unos 300m de la cumbre del monte Tutoko, en una pequeña explanada que había justo encima del glaciar. Las vistas increíbles, la sensación de estar contemplando el mundo es espectacular. Ya entiendo a los alpinistas que suben a tanta altitud, la verdad es que es una pasada.

Y desde aquí, vuelta al aeropuerto de Queenstown. He de decir que lo mejor de todo no fue el viaje en si, fue que Carmen hizo el viaje sin ningún miedo (bueno, a veces me apretaba el brazo si daba un botecito el helicóptero, pero genial. Creo que la mejor prueba de ello es la siguiente foto con una cara de felicidad increíble.

La vuelta en el autobús fue un poco mas dura. Yo, por suerte, llevaba pantalón de montaña y botas de montaña y solo se me mojó un poco el pantalón por la nieve, pero alguno (Carmen fue uno de ellos), se bajó del helicóptero en el glacial con playeras o zapatos, así que imaginaros como iban todos en el autobús, descalzos y con un frío... Lo que pasa es que fueron algo zoquetes, porque teníamos las maletas en el autobús, podían haber cogido la ropa que les hiciera falta.

Nota: Si te pasa esto, nunca te dejes la ropa puesta, todo lo que esté mojado te lo debes de quitar, en caso contrario no conseguirás entrar en calor y puede llegar a ser grave. Tampoco pongas la parte helada de tu cuerpo contra una fuente de calor (en este caso, los pies) ya que tu cuerpo tiene tanto frío que los receptores del calor no funcionan adecuadamente y podrías quemarte sin darte cuenta.

El caso es que tras una hora de viaje, llegamos a Wanaka. Creo que si tuviera que hacerme una casita para jubilarme, este sitio tiene todas las papeletas menos una. El sitio es súper tranquilo, pero con vidilla. Tiene unos cuantos restaurantes de todo tipo, tiene tiendas, bares, y unas vistas a un lago, espectacular, FANTASTICO!!

Llegamos al hotel, sobre las 1830 y quedamos a las 1915 en el hall para bajar al centro de la ciudad en el autobús. Aquí creo que fue un error del guía el decir que el restaurante del hotel era buenísimo, ya que solo fuimos nosotros dos. El hotel era muy, muy bonito. Cada una de nuestras habitaciones tenia cocina completa, salón, una pedazo de habitación (muchos hoteles tienen mucho salón y mucha gaita y al final la habitación es poco mas que la cama y las dos mesitas, como el hotel del dia anterior), baño con bañera y... LAVADORA/SECADORA!! Así que antes de irnos a cenar y viendo que era gratis, hicimos una colada, así nos garantizamos el esperar a Sydney para volver a lavar la ropa.

Total, como pronosticaba antes, ahí estábamos Carmen y yo, solos con los dos guías, Esther y Damián, y con el chofer esperando a ver si venia alguien más. Parece ser que el helicóptero les dejó valdaos. Suerte tuvimos nosotros en no ir en uno a pedales. De todas formas, al día siguiente nos dieron la mañana libre porque ya habíamos visto lo que estaba previsto para ese día, así que descansar lo que se dice descansar, se podía perfectamente.

Tras comentar con el guía donde ir, nos recomendarlo el restaurante italiano "The Cow". Aquí el calificativo italiano sobraba un poco ya que era una pizzeria con algo de pasta, pero italiano, italiano, pues no. Las pizzas estaban buenas (no eran de las mejores que he comido, pero estaba buenas) y el precio normal. Pedimos 2 pizzas (Bolognesa y Her Majesty's), un pan de ajo, dos cocacolas y yo cené con agua (el agua en Nueva Zelanda te lo ponen según llegas y gratis) y pagamos poco más de 60 NZD.


Al salir de aquí, la friolera no quería dar el paseo alrededor del lago hasta el hotel (unos 20 minutos-1,2km) así que cogimos un taxi. Primera sorpresa, no tenia taxímetro. Así que cuando llegamos el tio nos dijo que 13 NZD y eso es lo que le pagamos (tampoco es que fuera particularmente caro, para el precio al que están aquí las cosas). Y ya, cerca de las 2130, nos fuimos para el sobre, no sin antes comprobar que habíamos llenado mucho la lavadora y lavar lo lavó todo y bien, pero la secadora pues no hizo su función, así que volvimos a poner la secadora en marcha y pusimos algo de ropa en perchas cerca de los radiadores para que pudiera secarse.

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